Al fin llegó el día. El día en el que hice el viaje que tanto tiempo llevaba planeando… Me levanté y no esperé un minuto, me preparé para ponerme en marcha cuanto antes. Así que cogí todo lo necesario, me desplacé hasta aquel asiento y esperé… Esperé… Tardaría en llegar. Más de lo acostumbrado. Pero las ideas llegarían algún día y ese día tenía que ser hoy. Sí, el viaje fue de mi cama a la silla con la intención de actualizar el blog. Y no había vuelta atrás.
Así que aquí estoy, con datos amontonados en la cabeza… Y el ñogüi podría empezar tal que así:
Al fin llegó el día. El día en el que hice el viaje que tanto tiempo llevaba planeando… Me levanté y no esperé un minuto, me preparé para ponerme en marcha cuanto antes. Así que cogí todo lo necesario, me desplacé hasta aquel asiento y esperé… Esperé… Tardaría en llegar. Más de lo acostumbrado…
Y es que ir desde Badajoz hasta Madrid se hace pesado. Sobre todo si vas con la ilusión de ir montada en un directo tras cambiar el billete dos minutos antes de subir. Sobre todo cuanto te fias de un conductor que te dice que lo hagas, que así llegas antes. Y es que tantas paradas no eran normales para un express… Ahí es cuando mi hermana empezó a sospechar que nos habían engañado. Pero no pasaba nada, hombre, ¡que al fin iba a Madrid!
A eso de las nueve y media pisé suelo madrileño, lo atravesé… y veinte minutos más tarde volví a salir a la superficie. Y entonces dije: “¡Ey, estoy en Madrid! ¡Y en la calle!” Y aquí es donde comenzó mi aventura de quejas por cansancio XD Adoro quejarme. ^_^
Subimos… y subimos… y subimos… Hacia adelante sin parar… Pasamos una fuente apagada… Un poco más y… voilá! Preparada y con llave en mano me dispuse a abrir la puerta del que sería mi hogar durante tres días: el piso de mi hermana. El día se terminaba. Había que guardar fuerzas para el siguiente. Las luces se apagaron y…
“¿Qué? ¿Dónde estoy? ¡Qué frío! ¿Qué hora es? ¡Ey, estoy en Madrid!”. Y me levanté. Me arreglé (¿debería decir que me arreglé?) y salí a la calle; sin conocer el barrio, sin conocer la ciudad, sin plano ni nada… Bah, mi objetivo era recorrer el camino que había hecho la noche anterior para ir al Palacio de Hielo y ver si me compraba algo de ropa. Pero yo no soy muy de ir de tiendas, así que me aburrí pronto. Pero al otro lado del teléfono estaba la solución: mi hermana que me llamaba desde el trabajo. “Ve al Carrefú, que allí también hay tienditas”. Peeero, yo no soy muy de ir de tiendas, así que me aburrí pronto. (¿Dejá vu?)
En un principio, pensaba volver al piso hasta que fuera el momento de tirar hacia Plaza de Castilla, donde me encontraría con mi hermana. Faltaban dos horas para eso. “¿Volver? ¿Con el calor? ¿Por esa cuesta? ¿Otra vez? ¿No había por ahí un cartelito de Metro? ¿Qué pasará si lo sigo?”. Y así es como llegué a los pies de una de las torres Kio. Una hora y media antes de lo planeado. Vaya… ¿Y ahora qué? Estaba claro: fotos. Fotos que resultaron ser todas igual de caca, pero yo me lo pasé pipa haciéndolas (¡sí, un lápiz!, ¡un lápiz!, ¡tengo un lápiz!).
Y mientras me paseaba por el Parque del canal de Isabel II, mi móvil sonó de nuevo. Que dónde estaba y que me fuera para aquella puerta. Dónde estaba… Quién sabía dónde estaba… Pero logré salir de allí y llegar al sitio, eso sí, dando una vuelta terriblemente tonta…
De ahí nos fuimos a comer a un vegetariano, en el que el camarero pensó que éramos extranjeras y nos hablaba en inglés cada vez que se acercaba (o cualquier otro idioma, yo no entendía nada). Nuestras caras de interrogación le recordaban que no, que éramos españolas.
Y a partir de aquí comenzó la sesión de turismo: Casa de Cervantes, Plaza de Jacinto Benavente, Plaza Mayor, Palacio Real, La Almudena, Jardines de Sabatini, Templo de Debod y Plaza de España. Hubo un descansillo por ahí en medio para tomar una Palpi-Cola, la sed era horrible… Fotacas, dolor de pies y mucho calor. Después, vuelta a casa por Gran Vía.
Al día siguiente tocaba Banco de España, Correos, Cibeles (donde estuve un montón de tiempo para sacar una foto medio decente), Neptuno, Congreso de los Diputados, Biblioteca Nacional y Colón. Y de regalo un batidito de señor banano.
El tercer día quedé por la mañana con un amigo para ir al Museo del Prado. Me quejé poco entonces, ya lo hacía él por mí
Y nos acercamos a la RAE, en cuya puerta estuve babeando un rato ^w^ Y fuimos a comer al Hard Rock, que me indigné muchísimo, pues no había ni rastro de Queen Ò_Ó ¿Eso por qué? ¿Ein? ¡¿Ein?!
Por la tarde… Final del trayecto: El Retiro. Con sus patos, tortugas, duendes y monos de mentira. ñ_ñ
Fue agotador, pero lo repetiría de nuevo. Al día siguiente tocaba autobús y descanso.
Po también disfrutó mucho.
Fotos en Flickr (aunque aún falta por subir, que he petado la cuenta U_U)
Archivado bajo: De paseo, Imágenes, Irene-no nikki | Etiquetado: Almudena, autobús, Banco de España, Biblioteca nacional, Canal Isabel II, Cervantes, Cibeles, Colón, Congreso de los diputados, correos, fotografía, Gran Vía, Hard Rock, Jacinto Benavente, Jardines de Sabatini, madrid, Museo del Prado, Neptuno, Palacio Real, Parque, Plaza España, Plaza Mayor, Real Academia Española, Retiro, Temblo de Debod, turismo






Jolin, menuda suerte. Yo tb tenía planeado unos días en Madrid pero se fueron a la mierda xD espero que para la próxima tenga más suerte xD
Bueno, me alegro de que te lo pasaras bien ^^
Bss
Madrid mola. Yo me plantearía irme a vivir allí y todo, si no fuese porque no suelo planear nada a más largo plazo que una semana.
[...] (donde hice mi primera entrevista a Javier Capitán), empecé a ver “David, el Gnomo”, hice turismo por Madrid con mi hermana, me fui de la resi a un piso y… dejé de escribir tanto como solía. Al menos aquí, ya que [...]