Dando vueltas

Y se cuela en mi cabeza y empieza a dar vueltas sin descanso. No le prestes atención, Irene, céntrate en lo que estabas haciendo, ibas muy bien, no dejes que te entretenga. Pero sigue moviéndose de un lado hacia otro, saltando, a gatas, haciendo el pino-puente. No le mires, Irene, no le mires. Sabes que es tu perdición. Y sigue. Sus piruetas son cada vez más complicadas, intenta superarse en cada movimiento. Y caigo… Caigo… No puedo resistirlo. Termino dándole lo que quiere. Termina saliéndose con la suya. Pero no… Esto no puede quedarse así. Tengo que expulsarlo de ahí. Como sea. Dejarlo al descubierto hará que se tranquilice…

Y lo persuado para que tome el camino que baja por el cuello y resbala por el hombro y patina por el brazo… Y pasa de la mano al bolígrafo y del bolígrafo al papel. Para que el papel lo atrape…

Y yo me siento un poco mejor, quitándome ese peso de encima.

2 comentarios

  1. ¿El muso? Al principio pensé que era una mosca… por eso de “empieza a dar vueltas sin descanso” pero sospeché que no iban por ahí los tiros cuando leí lo de “saltando, a gatas,”

  2. ¿que tiros?

Escribe un comentario