Por fin puedo escribir este ñogüi, llevaba esperando tanto tiempo… Así es, queridos y a la vez odiados fans, no quería ir a un restaurante japonés para probar la comida, sino para tener algo interesante que poner aquí.
Todo empezó así… En la puerta de El Corte en las Ingles (por no hacer publicidad, ya saben) a las nueve y media. De acuerdo, allí estaré. En la puerta. Pero cuando llegué allí me preguntaba, ¿cuál de las cinco será LA puerta? Finalmente y sin saber cómo, nos reunimos todos en el mismo punto. En realidad si sé cómo ocurrió, pero no me apetece contarlo aquí, ¡¡leñes!!, y no quiero que se haga muy largo esto, total, es sólo un ñogüi de relleno.
Pasó un minuto. Pasaron dos. Pasaron cinco. Diez, trece, veinticuatro, cuarenta y dos… No, cuarenta y dos no. Pero es un número bonito.
Me apetecía ponerlo. Y antes de que las manillas del reloj que no llevaba se cansaran de esperar, nos fuimos hacia el Tanuki, donde ya teníamos mesa reservada. Y se notaba eh, que la mesa no hablaba ni nada, era más callada que yo, que ya es decir. Por suerte, las sillas no se ponían coloradas con la misma facilidad.
Y allí estábamos todos. Bichu, Drow, Tenchi, Kenshin, Carmen, Arkito, Shakeb y yo. Frente a los palillos de madera. Los mirábamos. Y ellos nos miraban. Cógenos, cógenos… Sabemos que no puedes resistirte. ¿Para qué esperar? ¡¡Sepáranos ya!!, nos decían. Y obedientes, cogimos fuerzas para despegar a Palillo I de Palillo D. Y esperamos a que la comida llegara a la mesa que, recuerden, es muy reservada y tiene dificultad para relacionarse con los demás, y para que los platos se coloquen sobre ella tiene que haber ya algo de confianza… En fin, qué les voy a contar a ustedes que no sepan. Mientras tanto, Arkito estuvo dando unas clases de “Cómo coger los palillos y conseguir hacer pinza con ellos”. Tras terminar de explicar, todo lo que veíamos a nuestro alcance era perfecto para practicar.
Y entonces, nuestra mesa hizo amigos. Té, carne de pato y toallas… Toallas que no llegamos a usar, pues todo empezó muy deprisa… Y nosotros entusiasmados. Sopa de miso, mmmm, qué rica, ensalada, ¡cucarachas! ¿Cucarachas? Sí, de las que hacen “crac” cuando las pisas. Y de las que según Carmen no se podían matar con un matabichos, pues es una muerte dolorosa. Y de las que según Shakeb había que matarlas así, con crueldad: “¡Son bichos! ¡Los bichos tienen que morir!” Y los amigos seguían llegando a la mesa: tofu, sushi, fideos, arroz…
Dos horas cenando, después de haber pedido que nos pusieran el sushi sobrante en un tupperware y haber hablado de un ciego que entra en un restaurante, pide carne de gaviota y se suicida, después de haber realizado decenas de preguntas no vinculantes, después de ver a un señor practicando un ritual extraño antes de entrar en el servicio… ¿Cuándo terminaría aquello? No es que quisiéramos irnos pronto… es que estábamos llenos y no nos entraba más comida. Por lo menos es lo que pasaba en la zona derecha de la mesa (o la zona izquierda, según se mire).
Y allí estábamos, pensando en terminar de una vez cuando nos pusieron delante de las narices un nuevo entretenimiento. Es la espectacular técnica para que la noche no termine mal, para que las caras vuelvan a recobrar el entusiasmo de los primeros minutos: el juego “Tú también puedes cocinar”. Y como niños chicos recuperamos la ilusión. El gorro de cocinero nos sentaba tan bien… ¿Que sobra comida? No importa, Carmen acercará su bol diciendo: “Échalo aquí encima mismo”. ¿Qué habría allí dentro ya? Si lo hubiéramos guardado serviría como souvenir: “Recuerdo de Tanuki”. Podríamos regalárselo a quien no vino. Todas las comidas estaban allí metidas. Sí, es posible. Yo misma lo vi con mis propios ojos… con los cuatro.
Y si ya no cabe nada más dentro… dejad que flote. Sí, porque esa noche también aprendimos la Teoría de la flotabilidad de Drow: Si untas mermelada en una tostada la tostada cae boca abajo, si tiras a un gato desde arriba cae de pie… ¿y si le untas mermelada al gato? Evidentemente… flota. De ahí que los ovnis floten, porque llevan gatos con mermelada acoplados.
Y esto es todo… por el momento. Sólo me queda decir que aún sigo con una duda: “¿Cómo se suicidó el ciego que comía gaviotas?”
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Tienes razón, ¡no me mencionas! Pero ahí estaba yo, metiéndome con un frikito junto con Drow y enseñando a la gente que los palillos se usan como si fuera un tenedor (osease lo pinchas en el susodicho alimento y te lo llevas a la boca).
PD: Aunque no lo creas, yo sí usé una toalla, que no iba duchado y tenía que acicalarme un poco.
No vinculante!!!! xDDDDD
La verdad es que nos lo pasamos muy bien y hubo algunos momentos dignos de recordar “¡Hola! ¡Soy fértil!” “¡Hola! ¡Mi esperma es vago!” xDDD
Jajajajaja, Bichu, ya noté que no ibas duchado… xDDD Uoooh, pues yo no usé la toalla. aRRRrr
Shakeb, jajaja, no me acordaba ya de lo de Soy fértil. Jajajajajajajaja.
mmm,ya se por que os reíais tanto,XDD,oooh,ya salgo en ñogüi ^^,bueno a ver si algún día de esto se vuelve a repetir
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Yep, ya sales
Ya salís todos.
oh que bien nos lo pasamos a pesar de la separacion que hicieron los tios sin darse cuenta =O al menos hablamos de cosas que no tenian nada que ver con sellos, naruto o putear al frikito xDD
esperma vago!! ya no me acordaba XDDDD
jo, sin duda aquellas maravillosas e intrigantes planchas fueron la guinda del pastel! fue como cuando en el cole te empezaban a dar los balones y demas cosasa divertidas y todo el mundo empezaban a jugar xD
ñii saludos n.n
Yo como no fui ¬¬ pues no opino aqui¬¬
solo pasaba a dejarte un comentario y para que te pasaras por el blog por que como lo he echo para que lo leas y eso…a ver si un dia me puedo acoplar pero ya sabes …que a friki no me gana nadie!!! XDDDD me rio sola por no llorar…que triste soy…
Uooooh, ¡¡Arkitooo!! ñ_ñ Es verdad lo de la separación chicas-chicos que hubo… U_U pero bueno… Y la plancha… ¡te dedicaste a cocinar y no comiste! jaja, qué bien me lo pasé.
Sheila no digas chorradas XDDD
¿Toallas? ¿Tupperwares? A ver si os metísteos en la fiesta de inauguración de un nuevo “Casa”…
Jajajajaja, no, no… Era un japonés… ¿no?
[...] el Manueísmo, la Virgen de los Re-yeah, el Princeton Plainsboro, los post-it, el viaje a Granada, mi primera visita a un restaurante japonés (con Shakeb, Bichu y demás pacenses) y las asignaturas que me quedaron por habérmelo pasado [...]