Para Nechan

Y Spich me entregó lo que había estado escribiendo mientras yo esperaba en la cola del comedor. Decía así:

Érase una vez una bicicleta de color atardecer. Aunque no era vieja, había pasado varios años en la ribera, amarrada a la sombra de un árbol centenario, con las ruedas desinfladas y una pátina del polvo de un camino cercano.

En esos días de verano en los que las nubes remolonean tomando el sol y se esparcen por el cielo como las cuentas de un collar roto, veía pasar veloces desde su atalaya a otras como ella, con las manos de un ciclista apoyadas en el manillar. Ese tipo de días pasaban entre la envidia del que no tiene y el anhelo del que desea sentir la brisa entre los radios de sus ruedas.

Un día, un chico decidió romper su monotonía y la cadena que la ataba al árbol. Le quitó el polvo, le infló las ruedas, la llevó a pasear. Sintió por primera vez el azote del aire, el olor del césped recién cortado en los jardines cercanos, la risa de los niños al pasar por el parque, el color de las baldosas del centro de la ciudad. Volvió una semana más tarde. Y otra. Y otra.

Entre espera y espera, otro chico intentó dar un paseo en ella. La había visto desde la otra orilla y llevaba tiempo tomando fuerzas para acercarse. Un día, cruzó el río con la llave del candado que unía la cadena, pero el primer chico ya había cambiado el cerrojo. No pudo abrirlo aunque intentase modificar la llave a golpes.

De vez en cuando, la bicicleta lo veía, en la otra orilla, observando, y se preguntaba qué hubiese pasado si la llave la hubiese liberado del abrazo férreo que la agarraba al árbol.

Al cabo de una semana, volvió a pasear con el primer chico. Pero iban muy deprisa y el camino era, además de largo, traicionero. En una de las curvas, una piedra cubierta a medias los hizo resbalar a ambos. Ella se hizo daño, y la arena se llevó consigo parte de la pintura.

Tras el incidente, pasó meses sin saber nada de él, temiendo que le hubiese cogido miedo a pasear, oteando el horizonte en su busca y encontrando sólo al otro chico.

Su ciclista volvió una tarde de invierno, soltó la cadena y arrojó llave y candado al agua. Pinchó sus ruedas y desapareció. Ella intentó disimular arañazos y ruedas pinchadas, acallar las voces que le recriminaban no haber mostrado al otro chico dónde se ocultaba la llave que abría el candado soplando el aire de uno de sus neumáticos hacia la hojaresca. Y se dio cuenta de que su talla era más parecida a la de aquel chico de la orilla que cada vez veía menos. ¿Cómo hacérselo saber a él?

Una tarde de viento, se dejó caer al suelo, para demostrarle que estaba libre de cadenas. El chico la vio y volvió a acercarse, pero no la cogió… Muchas cosas ocupaban su mente y no tenía claro a cuál de ellas darle prioridad.

~ o ~

Y así está la historia hasta ahora, Irene…

:D Gracias, hermosota.

Mamá, mamá, ayúdame a salir de aquí.

- Mamá, mamá, ayúdame a salir de aquí.

- ¿De dónde?

- De la piscina.

- ¿De la piscina?

- Sí.

- Pero hija… Estoy en casa. Pídele ayuda a alguien que esté por allí.

- ¿Y a quién? Aquí no conozco a nadie. Ven tú.

- Pero, ¿qué te ha pasado?

- La piscina… el flotador… el agua…

- ¿De qué estás hablando?

- El flotador que me compraste… Me lo quité.

- ¿Y qué? ¿Te vas a ahogar? Tú sabes nadar.

- Ese es el problema…

- ¿Cuál?

- No hay agua.

- ¡¿Cómo que no hay agua?!

- Pues que no hay agua… Pero me confié, me quité el flotador, salté y…

- ¡¿Y qué?! ¡¿Qué te has hecho?!

- Nada, nada. Eso es lo de menos. El problema es…

- ¿Seguro? ¡¿Qué te ha pasado?! ¡¿Te has roto algo?! ¡¿Dónde te duele?!

- No te preocupes por eso, mamá, ha sido un golpe y ya está.

- ¿Te duele mucho?

- Me dolió mucho. Pero ya no, lo que pasa es que ahora…

- ¿Y acaso no había nadie allí para avisarte?

- No les hice caso.

- ¿Por qué? ¿Y por qué te tiraste entonces?

- No sé. Confiaba en que había agua…

- Pero…

- ¡Bueno, mamá, déjalo! Me tiré y punto. Y ahora estoy aquí abajo sin poder salir.

- ¡¿Cómo?!

- Estoy en el fondo de la piscina y no llego a las escaleras. No puedo subir…

- ¡¿Por qué diablos te quitaste el flotador?! Te lo compré para que no ocurriese algo parecido.

- Lo sé, pero… ¿Puedes venir a sacarme? Yo sola no puedo.

- Yo tampoco puedo ahora mismo.

- Pero…

- No.

- Mamá…

- Ni mamá ni leches. Pide ayuda por ahí.

- No van a querer sacarme. Me avisaron y no les hice caso…

- Tú te lo has buscado.

- Jo…

- A ver, ¿en qué piscina estás?

- Euh… Pues… en…

- No me digas que no lo sabes.

- No, no lo sé.

- Ahora sí que no puedo ayudarte.

- Pues nada… Tendré que esperar a que me saque otro. Pediré ayuda…

Ver también: Mamá, mamá, quiero un flotador.

Los oídos de las paredes (III)

Irene probándose ropa para una comunión:

Irene: Uf, qué rara estoy.
Madre: Eso es que no estás acostumbrada a verte así, arregladita.
Irene: No veas… Esto para mí es como disfrazarme para carnavales.

Un poco más tarde:

Irene: ¿Qué se regala en una comunión?
Hermana (muy segura): Una cabra.

Hablando de visitar a alguien:

Tío: Podemos ir un fin de semana a verla.
Hermana: ¿A qué? ¿Verla? ¿Qué es Verla? ¡Oyeee, ¿dónde está Verla?!

En clase:

Irene: Mi hermana va a París este fin de semana.
Spich: ¡¿QUÉ?! O_O ¡¿ESTABA “EMBARAZÁ”?!

Tengo sueño

Imprimo. Imprimo. ¡Qué rollo! Y encima está cerrado esto. ¿Lo va a abrir o qué? Qué sueño tengo. Y esta mujer que no viene. Ahí está el tío. Qué sueño. Creo que me está preguntando algo. Debería contestar. Vaya, ya ha contestado ella. Ha sido más rápida. Yo es que estoy dormida… Uf… Madre mía. ¿Qué pasa con mi trabajo? ¿No se imprime o qué? Por cierto, ¿dónde estoy? ¿Por qué sigo despierta? Tengo tanto sueño… ¿Y el mío? ¿Va a salir o no va a salir? ¿Realmente le he dado a Imprimir? ¿O lo he soñado? Ojalá hubiera podido soñarlo… Hace tanto tiempo que no sueño… Quiero dormir. Ya está ahí. Pues vaya trabajo. Qué caca. Sólo tiene fotacas. Buf… Es vergonzoso. Voy a esconderlo. Que no se vea mucho… Ay… Toda la noche. Me quiero ir… Twitter, follower, follower, twitter. Dormir… Quiero dormir… Vamos arriba. Arriba… Buf, qué rollo. Yo quiero irme a dormir. Y son las nueve. Hasta las diez y media… No aguanto. El editorial. Qué voz… Su voz me duerme. Me duerme, me duerme, me duermezzzzz… Sueñitooooo… ¿Qué hago? Sueñito. Voy a escribir un ñogüi. El blog. Tengo que actualizar el blog. Tengo que ponerlo… e… Me duermo…