- Mamá, mamá, ¿sigues ahí?
- Sí.
- Pero, ¿estás segura?
- Claro, ¿cómo no voy a estar segura?
- Pues yo no lo estaría.
- ¿No estarías segura de si estás ahí o no?
- Hombre, depende…
- ¿Depende de qué?
- De lo que me preguntes.
- ¿Cómo?
- Me puedes preguntar tantísimas cosas, que tendría que hacerte otra pregunta para estar segura.
- A ver, si yo te pregunto a ti: “Niña, ¿sigues ahí?”, tú me respondes…
- …
- …
- …
- Me respondes…
- No podría dar una respuesta. Ya te lo he dicho.
- ¿Por qué?
- Porque una respuesta no es una pregunta y una pregunta no es una respuesta porque no responde a nada. En todo caso, me responderías tú a mí.
- ¿Qué?
- Claro, que yo no te respondo, me respondes tú a mí.
- ¡Pero, ¿cómo te voy a responder yo?! “Niña, ¿sigues ahí? Sí”. ¡No tiene sentido!
- ¡Pero así no!
- ¿Entonces qué dices?
- A ver, ¿tú por qué dices que sí?
- Me has preguntado si sigo ahí, ¿no? ¿Qué otra cosa tengo que decir? ¡Claro que sigo aquí!
- ¿Y cómo lo sabes?
- ¡¿Cómo?!
- Que cómo lo sabes. ¿Cómo sabes que mi “ahí” es tu “ahí”?
- ¿Qué?
- A lo mejor yo te he preguntado si sigues en el salón. O te he preguntado si sigues en casa… O si sigues en tu trabajo… O si sigues apuntada a la web esa donde escribes chorradas… ¿Cómo sabes qué te he preguntado?
- Pues… no sé… Se supone que tú m…
- ¡Mucho supones tú, eh mamá!
- Bueno, entonces, ¿a qué te referías?
- Claaaaro, ahora quieres saberlo…
- Hombre, para responderte como es debido, ¿no?
- O no. Mejor hacemos otra cosa.
- A ver…
- Pues mira, como tú ya me has respondido, ahora me dices tú dónde sigues.
- Pues aquí.
- Sí, pero aquí, ¿dónde?
- Aquí en casa, ¿no?
- Entonces tu “ahí” era “casa”, ¿eh?
- Claro.
- Interesante…
- ¿Qué pasa ahora?
- (Nada…), pensó la niña.
- ¿Qué estás pensando?
- ¿Qué crees que estoy pensando?
- Nada.
- ¡Entonces es trampa!
- ¿Qué?
- Ya sabías lo que te preguntaba…
- ¿Qué?
- Mi “ahí” también era “casa”. Pero tú ya lo sabías, porque sabes lo que pienso… ¡Eso no vale!
- Claro… Siempre sé lo que piensas.
- ¿Siempre, siempre?
- Siempre que quiera. Para algo soy tu madre…
- ¡Hala! Y entonces sabes todo, todo, todo…
- No, no siempre quiero saber lo que piensas.
- ¿Cómo?
- No te creas que tus pensamientos son tan interesantes…
Y la madre volvió a la cocina, sin decir nada más… La niña se quedó de pie en el pasillo, mirándola, con los ojos como platos y la boca abierta, intentando decir algo… No encontró las palabras…
Archivado bajo: Converse, La niña, Mamá, mamá... | 1 comentario






