— Mamá, mamá, no escondas los drakis.
—No los iba a esconder.
—Los estás metiendo en el bolso.
—Para guardarlos.
—No, los estás escondiendo.
—¿Y por qué iba yo a esconderlos?
—¡Para que no me los coma!
—¡Pero si me estás viendo meterlos en el bolso! ¿Qué clase de escondite es ese?
—Me da igual. No quieres que me los coma.
—¿Tú quieres?
—Sí.
—Yo pensaba que no… Como dijiste que no querías nunca más… ¿Te acuerdas?
—Un poco.
—¿Recuerdas lo que te pasó cuando los probaste?
—¡Como para no acordarme! ¡Qué mal rato! ¡Yo pensaba que de aquella no salía! ¿Te acuerdas?
—¡Claro que me acuerdo!
—Qué mal… No lo disfruté ni nada… Me duraron dos bocados…
—Ya, ya. ¿Y qué pasó después?
—Después… ¿cuándo?
—La siguiente vez que fuimos a la tienda, que los viste y me pe…
—Y me los compraste otra vez.
—¿Y qué pasó?
—Lo mismo… Me atraganté y empecé a toser ahí, sin poder respirar ni nada… Pero bueno, mamá, es que al menos quería probarlos bien, que la otra vez ni me dio tiempo… ¡y te los terminaste comiendo tú!
—¿Y qué iba a hacer? ¿Tirarlos?
—Lo que sea…
—¡A mí también me gustan!
—¡A mí más!
—¡Pero si decías que no querías volver a ver una bolsa!
—¡Pero ya la he visto! ¡Y ahora quiero!
—¿Seguro?
—¡Que sí! ¡Que me da igual lo que dijera! Que quiero y punto.
—¡Pero bueno!
—Pero bueno… ¿qué?
—¿No prefieres otra cosa? He comprado gusanitos, ¿no te gustan también?
—Euh… Hombre… Sí… También me gustan. Pero es que… ya he visto los drakis y… Es que me gustan más… y… Bueno, los gusanitos pa otro día.
—¿Sí? ¿Y si te atragantas?
—No me voy a atragantar.
—¿Seguro? ¿Y cómo lo sabes?
—Porque voy a masticar bien.
—Ajam…
—¡Que sí! Es que las otras veces comí muy rápido porque tenía muchas ganas… Entonces se me fue uno por donde no era y… ¡Jo! ¡De verdad! Que no me va a pasar nada.
—A ver si es verdad…
—Claro…
—¿Seguro?
—Yo voy a comer muy despacito… De verdad.
—¿Y si te atragantas?
—Pues si me atraganto, ya estoy acostumbrada, ea.
—¿Cómo?
—¡Que sí! Que si me pasa algo, me aguanto y no digo nada… Que no veas la que me estás liando para darme los draquis…
—Pero, qué morro…
—¿La abres tú o la abro yo?
—Déjamelo a mí, que no quiero que se caigan todos al suelo..
Y, cuando la madre abrió la bolsa. la niña empezó a sonreír.
—Mmmm… ¡Dame, dame!
Filed under: Converse, Irene-no nikki, Mamá, mamá... | 2 Comentarios »